Mostrando entradas con la etiqueta Diego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de junio de 2008

Donuts

A Stephen Hawkins
“¿Quién me manda a hacer esto?”, masculla en un inglés idiosincrásico. Su fachada: una amplia y ensayada sonrisa de televisión. La misma que le devuelve diariamente su fotografía en el marco barato del “Empleado del Mes”. Ojos café que dan una falsa sensación de terrena finitud y limitada materialidad. El interior es algo menos confortable. Pero funcional. -Una tras otra, pasan-. Oye sin escuchar, y sin sonido. -A su módico entendimiento, aparecen salidas de la nada-. Se pasa constantemente la mano por una cara lampiña cubierta de acné. No le preocupa, tiene otras. Revisa el guión una vez más. Tiene su firma debajo. Subrepticiamente, para que su supervisor no lo amoneste, (hay clientes que atender) introduce algunos cambios. Golpe seco. El supervisor cae muerto. Nadie parece notarlo, es casi como si no existiera. Todavía. Se acaricia la incipiente barba. Maldice la manga: se ha atorado de nuevo. Ríe. “El Universo tendrá que prescindir de la jalea de frambuesa”, dice. Nadie parece escucharlo. Nadie parece entender. Nadie parece. Llega un eco lejano, agudo, cordial, imperativo. Se sobresalta. No lo tenía previsto. Rápida, desordenadamente, agarra con una mano arrugada y trémula media docena de donas de frambuesa. Caen caóticamente dentro de la bolsa de papel ordinario en una cifra que otros intentarán develar. Caen y chocan. Chocan y todo. Escapa a refugiarse en la Nada, ya fatalmente marginal: ha creado un Universo.

jueves, 12 de junio de 2008

Funciones

Un haz de luz delató el polvo en el aire del viejo bar y fue a posarse en la calma superficie del café recién servido. Detective fijó su vista en él por un segundo. Punto exacto de convergencia con Traidor, sentado del otro lado de la pequeña mesa. La cafeína obligatoria y la charla no habían bastado para infundir a la mañana la carga de rutina y convencionalidad que los alimentaba, y que, tenían el secreto convencimiento –y tranquilidad-, hacía funcionar al Mundo. Un gesto, previsible, pidió la cuenta. Traidor agarró su sobretodo y sonrió cuando Detective acomodó, suficiente, el cuello de su Perramus camino a la salida. El vaivén de la pesada puerta de madera marcó por unos momentos un tempo que, respetuosos del Cosmos, Detective y Traidor siguieron escrupulosamente. El viejo Morris chirrió con la brusca acelerada pero respondió bien a la exigencia mecánica y al ruego amable del pedal, y Detective hizo un gesto ininteligible para todos excepto para Traidor. Muchos años contaban ya.
Orgullo y afecto.

El arma se impacientaba en su bolsillo izquierdo.

Advirtieron la radio sólo cuando la voz metálica y expeditiva transmitió una información extrañamente conocida. El auto, la calle, el barrio, se generaron entonces sólo para ser percibidos por aquellos que, hasta entonces, se habían ocupado en sus propios Universos. Espacio compartido ad hoc que, cada día, se esforzaban por fortalecer. Traidor encendió un ceniciento cigarrillo, y ofreció uno a Detective, que aceptó tras un momento de vacilación. Reminiscencia de aquella noche en la que había sido señalado por primera vez. Pero ya no vendrían a buscarlo. Justificaban la modesta esfera de mundo que construían a su alrededor, cada ruido de las gastadas ruedas del Morris golpeando con los adoquines de una calle tiempo hacía pavimentada, cada fachada antigua que negaba sus propias ruinas. No veían más que la escenografía, el punto de fuga, la noche cerrada, la luna esperable tras el techo del auto.

Gastada ya su empuñadura por el uso y los años, aún se sentía capaz de servir. Siempre lo hacía.

Se reconocían en la memoria del otro. Allí se construían, se moldeaban, conocían el mundo. El aviso de la Central había sido preocupante. Detective, consciente de ser el Héroe, tenía tan firmemente agarrado a su destino como al gran volante de madera, una vez brillante. Traidor, desde el remoto y ficcional asiento del Acompañante procuraba conseguir la suficiente entidad propia como para cumplir con su Objetivo. Iba constituyéndose lenta y pacientemente a partir del discurso de Detective, sucesión de anécdotas lejanas que, por repetidas, terminaban por ser ciertas. Aventuras de Aquellos Tiempos que convenía creer, vínculo al que debían aferrarse. Como a un rompecabezas, se rearmaba desde una memoria tan propia como común y ajena.
Tras de sí, la Ciudad se desdibujaba en una niebla oportuna.

Escena del Crimen estaba tranquila Esa Noche. Todas las noches. Detective, Traidor y sendas Colt apresuraron su marcha, y la secuencia lo agradeció. Detective apagó las luces del auto, hizo un cierto gesto y se aparcaron bajo el aura mortecina de un tétrico farol. Bajaron despacio, silenciosamente, quizás buscando tomarse por sorpresa. Rodearon Escena del Crimen como los años y varios Compañeros muertos les habían enseñado. Detective, siguiendo un imperativo tácito, entró adelantándose a Traidor. El Héroe es el primero en vulnerar las murallas.

El piso de cemento estaba húmedo. Había llovido, y Detective, al mirar al techo, advirtió varias chapas faltantes. La luz que alcanzaba a colarse por los espacios vacíos dibujaba un patrón que Detective no vio, o simplemente no quiso interpretar. Siempre fue un ingenuo. Pero Esta Noche se acaba todo. Detective avanza seguro de sí, o de lo que le ha tocado ser. Pero, solo, no sería el Héroe. Siempre hace falta un Oponente. No habría relato sin Villano. Paso al frente.

Detective y Traidor quedaron opuestos por un espacio de luna. Silencio ritual, necesario para comprender. Héroe ya no se molestaba en sorprenderse, Villano no necesitaba hacerlo. Pero El Momento había llegado. Acabado el Viaje, debía cada uno hacerse cargo de su lugar en la obra. Obedeciendo antiguas reglas, intercambiaron las armas. Palabras. Recuerdos. Representaciones. Las Colt brillaron bajo los ojos cansados del Bueno y el Malo.
Disparo.
Estúpido.
Detective cae.
El relato se desmorona.

martes, 10 de junio de 2008

De cómo dar el ejemplo a partir de frases inconexas que se pretenden texto

a) "que sea golpe a golpe y verso a verso" polifonía en tercer nivel de degradeción: Serrat que lo toma (ni siquiera como cita textual) de Machado. Fernando toma a Serrat.

b) "Aunque los franceses sean todos putos, el gobierno está mal con el campo": el subordinante es lo único que conecta dos proposiciones sin tópico de discurso común. Ni siquiera hay una unidad desde el punto de vista de la selección léxica.
"Las tragicomedias se estrenan todos los días, y aunque la siembra sea constante, la cosecha es un hecho aislado realizado por un personaje en concreto entre los muchos posibles".

c) Cómo contradecirse en un mismo texto sin morir en el intento:
"El fruto obtenido depende del decorado ocasional y, no en menor medida, de los espectadores."
"El ámbito, llámese teatro, plaza publica o vida "real" es, a diferencia de lo que se puede llegar a creer, indistinto, no influye significativamente al momento de recoger la siembra."
"El punto clave a tener en cuenta es el clima."
Este texto juega con eso, diría alguien cuyo nombre no quiero acordarme.

d) Uso referencial identificativo: "tu nombre se parece a la aridez". Aquí, el autor de la "obra" ha introducido un referente extratextual, al cual no ha fijado en todo el texto ni volverá a tomar y que incluso ha tratado de borrar totalmente cuando declaró que el receptor puede ser intencionado o no.

e)Ira aclara el significado de disconformidad, cual sinónimos.

f)Tiempo de hoy:
"Un ambiente frío, dará por resultado una inestable angustia con tintes de melancolía." Chaparrones aislados (en el sur de la provincia).

domingo, 8 de junio de 2008

Eclipse

“Everything under the Sun is in tune
but the Sun is eclipsed by the Moon”

(Roger Waters)

Luz. Clara. Diáfana. Lo acribillaba desde el cielo, subyugando sus restos mortales a la luna. Sumiso, el césped suave se doblaba bajo el peso descomunal de una especie en decadencia. Un sabor amargo llenó su boca cuando recordó las primeras ilusiones, el creerse con una Eternidad por delante. Ya no recordaba quién se lo había dicho, apenas si era ahora una mueca sardónica a sí mismo lo que en otros tiempos había sido amor, odio, Humanidad.
Miró a su alrededor, paranoico, temeroso de los otros lobos. Tragó saliva trabajosamente. Lo reconfortó recordar que ya no era un hombre. Su Verdad lo había salvado. Es decir, estaba a resguardo de la devastación, lo que no podía ser sino por el (re-)descubrimiento de aquella vieja Certeza con la que había jugado desde que podía recordar, pero que poco hacía desde que había sido obligado a tomarla en serio. Dedicó un afilado pensamiento a los comerciantes de Ideas, a los que, en aquel lejano Mundo, trocaban Destinos por vidriecitos de colores. Brillantes unos, opacos otros. ¡Cuánto le gustaban! Aunque no quiso pensar si aquel otro sería él todavía, se aseguró (y con él, se lo aseguró también a Ella, mientras durara su regencia omnividente) que no cambiaría su presente por seductoras ilusiones multicolores, que otros habrían matado por obtener y a las que entregarse.
Millones de Universos se generaban en él, tal era la fuerza con que se gestaban sus ideas. Cada Universo, sin embargo, era destruido con humano placer, y divina misericordia. Una dialéctica cuya síntesis era la Nada, y en la que tesis y antítesis se habían hastiado la una de la otra. Aquellos modestos Apocalipsis lo mantenían vivo, y más aún ahora que ya no le disparaban tanto. El diminuendo celeste había comenzado (y esto le era un alivio), pero le preocupaba no haber advertido el momento exacto. Vestigios de moribunda humanidad, pensamiento afanosamente buscando lo discreto.
Decir, hacer y, finalmente, ser. En él, la performatividad del lenguaje había llegado a provocar la identidad mente-mundo. El Universo, su Universo no era sólo contenido de conciencia, pero lo había sido. Estricta materialidad surgida de la exteriorización de sí, mediante un lenguaje ininteligible (pues estaba más allá de la mera razón) hacía de la articulación expresión-contenido la concreción de Realidades en las que se complacía en habitar. Así había sido, por lo menos, antes de que la luz atravesara su cuerpo. De alguna forma, había comenzado a degradarse, en el peor de los sentidos: el fatalmente ontológico. Algún resto flotante de Humanidad lo había contaminado, limitando su existencia, su pensamiento y transformándolo en paradigma del fracaso. Pero…tanto tiempo atrás había sido aquello que ni se molestaba en evocar nostálgicamente sus días de gloria. Le dolía darse cuenta de que quizás nunca hubieran existido. Irreverente de sí mismo, sentía el primitivo e ingenuo placer del iconoclasta que combate orgullosamente pensándose anómalo, ignorante de lo sistemático, necesario y titiritesco de su ilusoria –y, pensó, en su caso, módica- rebeldía.
Los proyectiles acometían su carne cada vez más espaciadamente. Pero en ellos parecía concentrarse toda la luz de la primera descarga. Apuntaban al punto débil donde confluyen los tiempos y se hacen Uno y no existen.
Finalmente, el tiro de gracia.
Una sonrisa extasiada, efímera armonía y eterna oscuridad.

jueves, 5 de junio de 2008

Escenarios (o "en boca cerrada...")

Más que una presentación, conviene hacer al lector una advertencia que adivino metodológica.
Si aceptamos que la lectura es una interacción, aceptemos también (a los módicos fines de esta entrada) que se maneja como una obra, como una representación (en el sentido teatral y, por qué no, sartreano, de la palabra). Hay un front stage, público, textual, superficial, y un back stage, privado, íntimo, enunciativo. Profundo. Verán seguramente que Patricia yuxtapone, superpone y finalmente interpenetra ambos planos, de modo tal que el lector tiende a caer en la trampa e identificar al yo intratextual con el extratextual, debido a la inscripción de lo erótico en un Mundo sospechosamente isomorfo al "real". De efectuar la identificación a inscribirla en sus textos como enunciando desde ellos (y no a-ellos) hay un solo y fatal paso. Dicho sea de paso, la foto no ayuda mucho.
La representación es engañosa. No hace falta mucha hermenéutica para penetrar su caparazón pseudoevanescéntico (perdón por el horroroso neologismo) y encontrar. Pido al lector, en este punto, tenga a bien, vivida la experiencia textual que en un rapto de falsa poeticidad efectista calificaría de dionisíaca (y me revelo en este acto más próximo a la mesura apolínea, cayendo, como habrán podido leer, en la pedantería cientificista), complete el complemento del verbo y anuncie, ingenuo, al mundo, que ha conocido a Patricia.